En las últimas semanas hubo dos noticias relevantes que tuvieron importante repercusión en los medios de comunicación y que deberían ser aprovechadas para sostener una campaña de concientización pública: por un lado, durante una mañana hubo varios canales de televisión transmitiendo en vivo la reapertura de La Salada, y por el otro, se difundió que en los primeros ocho meses del año la Dirección General de Aduanas ya había desarticulado operaciones de contrabando por más de 750 millones de pesos.
Desde la Asociación Civil Antipiratería Argentina (ACAA) venimos trabajando desde hace más de quince años en promover campañas de concientización sobre los peligros que generan el comercio ilegal y la falsificación marcaria y estamos convencidos de que es un momento importante para volver a predicar al respecto.
Sabemos que muchas veces la gente no es consciente que el tráfico de droga, la financiación de terrorismo y el lavado de dinero tienen un vínculo muy estrecho con el comercio ilegal en todas partes del mundo. Según un estudio de 2017 encargado por International Chamber of Commerce (ICC), International Trademark Association (INTA) y Business Action to Stop Counterfeit & Piracy (BASCAP), se estima que el impacto económico global de la falsificación y la Piratería alcanzará los 4,2 trillones de dólares en 2022 y pondrá en riesgo 5,4 millones de trabajos legítimos. En tiempos de Covid-19 es bueno recordar que el comercio ilegal es una pandemia que venimos enfrentando desde hace muchísimo tiempo. Y sin cuarentena.
Durante 2020, en medio de la crisis global por el Coronavirus, se ratificó que el crimen organizado que está detrás del contrabando y de la falsificación no tiene moral. Así, se ha puesto a especular con la pandemia y aparecieron kits de testeos, mascarillas, medicamentos, y un montón de productos falsos para aprovechar el desconcierto, el miedo y la necesidad.
En los operativos dirigidos por la AFIP, los principales artículos incautados fueron cigarrillos, indumentaria, artículos electrónicos, repuestos de autos, relojes, anteojos, perfumes y maquillajes, mayormente por delitos como el fraude marcario o contrabando.
En muchos de esos productos el problema es doble: se sabe que el comercio ilegal afecta al fisco, por la pérdida en recaudación, y a las empresas cuyos productos son falsificados; pero también existe un riesgo grande para la salud de las personas que compran esos elementos, por la falta de control sanitario.
Tomando como ejemplo el caso de los cigarrillos, se estima que entre el 15 y el 20% de lo que se comercializa tiene origen ilegal, ya sea por haber sido contrabandeado o por ser fabricado en establecimientos que no tienen estándares de calidad ni controles. Las pérdidas de recaudación por falsificación marcaria o subdeclaración por estampillas falsas ronda lo 35.000 millones de pesos anuales.
En los procedimientos realizados por las fuerzas de seguridad se incautaron unos 150 millones de cigarrillos, un número muy alto, sobre todo porque durante la mayor parte del año las fronteras estuvieron cerradas. Y no alcanza con las campañas de concientización que la industria tabacalera mantuvo en las provincias fronterizas, sobre todo en Misiones, Salta y Formosa.
Sabemos que frente a la crisis económica que está sufriendo nuestro país mucha gente intenta conseguir los productos más baratos sin prestar atención al origen. Y por eso es clave mantener las campañas de concientización permanentes para convencer a que la gente actúe de otra manera.
Porque el que mueve el comercio ilegal es el consumidor y si esas personas no son conscientes de lo que hay detrás, no van a cambiar de actitud. Entonces, nuestra labor en busca de una sociedad mejor es concientizar. Y no solamente al consumidor; también al Estado. Porque es necesario que la pelea la demos juntos, espalda con espalda, las instituciones públicas y las empresas.
Es necesario que el combate contra el comercio ilegal sea una política de Estado, porque va a ser una defensa de las fuentes de trabajo legítimos, una defensa de los comerciantes que tienen sus puestos de venta, sus locales, y que pagan salarios de empleados e impuestos, y una defensa de toda la sociedad, porque detrás de todo el comercio ilegal están los delitos complejos, como la trata de personas, el trabajo infantil y esclavo y los talleres clandestinos, el contrabando y el lavado de dinero, entre otros.
Cuando se analizan los volúmenes que mueve el comercio ilegal no hay dudas de que hay una estructura delictiva enorme sosteniéndolo. No se trata de un inocente pasero o de un mantero. Esas organizaciones delictivas mueven millones de dólares, con menos riesgo que el narcotráfico, porque la falsificación y el comercio ilegal tienen penas menos duras.
Por todo eso, al comprador hay que concientizarlo para que entienda que cuesta muchísimo recuperar cada puesto de trabajo formal que se destruye y desde la informalidad es imposible sostener a un país

Rodo Claramonte