En agosto, la NASA había dicho que no existía peligro con la llegada de este asteroide porque “era muy pequeño, aproximadamente 2 metros, y no supone un amenaza para la Tierra”. Aunque advirtió: “Si entrara en la atmósfera se desintegraría en muy pequeñas partes”.

La atmósfera protege la vida sobre la Tierra, absorbiendo gran parte de la radiación solar ultravioleta en la capa de ozono. Además, actúa como escudo protector contra los meteoritos, los cuales se desintegran en polvo a causa de la fricción que sufren al hacer contacto con el aire.

La última vez que se observó un asteroide en el espacio fue en noviembre de 2018. Por eso, existe una gran incertidumbre sobre su trayectoria. Los especialistas calculan que lo más probable es que pase a medio millón de kilómetros de distancia de la Tierra.

El divulgador científico Neil deGrasse Tyson informó que si la roca espacial llegara al planeta, lo más probable es que se desintegre sin llegar a causar daños. “El asteroide no es tan grande como para impactar con éxito en la superficie de la Tierra. A la velocidad que va, a más de 40.555 kilómetros por hora es como impactar de frente contra un muro”, contó el especialista.

El asteroide tiene el tamaño de una heladera. Según los NASA podría impactar contra la atmósfera terrestre el 2 de noviembre -un día antes de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos-.

La agencia espacial de los Estados Unidos indicó que la probabilidad de que el asteroide 2018VP1, de la clase Apolo, impacte contra el planeta en su aproximación más cercana el 2 de noviembre es del 0,41%.

Si esto ocurriera, el choque sería visible en la atmósfera. Su visibilización sería durante el día pero no interrumpiría a las personas que están en la Tierra. “Si el mundo se termina en 2020, no podrán culpar al universo”, dijo entre risas.

Mercedes