Las mujeres y las personas con identidades feminizadas constituyen uno de los grupos con más posibilidades de sufrir consecuencias emocionales o psíquicas por el aislamiento producto de la pandemia, según dieron cuenta una serie de estudios internacionales difundidos en las últimas semanas.
.

A mediados de julio, ONU Mujeres dio a conocer un estudio realizado en 11 países de Asia según el cual la pandemia estaba afectando la economía y la salud mental de las mujeres. En base a encuestas, la agencia de las Naciones Unidas para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres dio cuenta de que un 70 por ciento de la población femenina de Afganistán, Bangladesh, Camboya, Filipinas, Indonesia, Islas Salomón, Nepal, Maldivas, Pakistán, Filipinas, Samoa y Tailandia manifestó haber sufrido alguna clase de trastorno psíquico, frente al 52% de los hombres.

Simultáneamente, en América Latina se difundieron estudios que arrojaban resultados similares. A fines de agosto, el Termómetro de la Salud Mental en Chile -realizado por el Centro de Estudios de la Universidad Católica- definió que las mujeres integran el grupo que acusa mayor impacto de la pandemia en su psiquis, seguidas personas jóvenes, separadas por los jóvenes, los que están separados y quienes viven en departamentos sin patio o jardín. Ante una pregunta concreta sobre si lograban concentrarse menos durante la pandemia que en la época previa, el 36,3% de los hombres respondió afirmativamente, mientras que en las mujeres la proporción subió al 50,7%.

Por la misma época, un estudio realizado por la Colectiva Feminista para el Desarrollo Local de El Salvador junto a otras organizaciones mostraba que el 68,1% de las mujeres entrevistadas manifestó tener estrés; el 51,9% dijo sentir tristeza; el 49,4% confesó angustia; el 26,9% experimentó ansiedad; el 19.3% irritabilidad y el 11%, ira.

En la Argentina está en marcha la encuesta sobre el “Impacto del Covid-19 en la vida de las mujeres”. La iniciativa, liderada por un equipo de la Universidad de San Martín (Unsam) e impulsado por el Conicet y los ministerios de Ciencia y de Mujeres, busca documentar la brecha económica, la precariedad laboral y el reparto inequitativo de tareas domésticas y de cuidado entre hombres y mujeres. Pero no indaga en las consecuencias de esa disparidad: el deterioro de la salud mental.

Las especialistas consultadas por Télam coinciden en confirmar esta situación. “Creo que el grupo de las mujeres es uno de los grupos cuya salud mental se ve más perjudicado por la pandemia junto con todas aquellas personas que tienen identidades feminizadas”, asegura Belén Casas, psicoanalista y socióloga de la Red de Psicólogas Feministas.

“Lo que notamos es que hay más ansiedad, más angustia. Sucede que se multiplican las tareas y las jornadas. Hay trabajos de cuidados invisibilizados y una sobrecarga en las mujeres y en las identidades feminizadas”, agrega Silvana Pallestrini, coordinadora de Género y Diversidad Sexual del Hospital Posadas, la primera que funciona en un hospital público. Para Casas, este último caso se trata de un grupo aún más vulnerable: “El impacto es el mismo pero se agrega la falta de acceso a las redes de apoyo de la sociedad y quedan sin lazos cercanos ya que estas identidades feminizadas están vulnerabilizadas por la discriminación social”.

Las causas

A la hora de explicar los perjuicios que la pandemia trae a la salud mental de las mujeres, las especialistas mencionan en primer lugar al aumento de la violencia doméstica. “La actual falta de conexión social ha aumentado las situaciones de violencia doméstica, se han incrementado en grandes porcentajes. La casa tampoco es un lugar seguro para las mujeres. La multiplicación de los femicidios y los pedidos de ayuda por abusos sexuales que se han dado en nuestro país, así lo demuestran”, analiza la psicóloga, diplomada en género, sociedad y políticas públicas Gabriela Inés Raimundo, y asegura que debido a las interrupciones de los servicios de asistencia a la víctima y el aislamiento de las mujeres, se subestima el alcance real de la violencia de género.

“Cuanto más vulnerable es la población, mayor es el incremento de los trastornos emocionales. Estamos frente a una crisis de salud mental sin precedentes en nuestra región, en la cual las enfermedades mentales ya eran una pandemia silenciosa”, asegura la especialista.
Entre las consecuencias de este deterioro en la salud mental de las mujeres, las especialistas mencionan la ansiedad, la angustia, la depresión y el desgano, la sensación de agobio y de no poder con todo. Pero además señalan la pérdida de vínculos sociales, de redes de contención de amigas, familiares, compañeras de trabajo y la pérdida de presencia en el espacio público.

“Las consecuencias son menos espacio psíquico para nosotras, lo que significa menos capacidad de pensar qué nos pasa y así entramos en una sensación de estar en un eterno responder a lo que pasa en el entorno sin poder procesarlo emocionalmente. También está la imposibilidad de hacer duelos, de procesar dolores, porque al estar a cargo de chicos o personas mayores, no podemos permitirnos el dolor”, apunta.

Cómo salir

“Para paliar esta situación negativa, es importante buscar apoyo y compañía en nuestras redes sociales: amigos, organizaciones comunitarias de nuestros barrios: asociaciones de mujeres, culturales, artísticas, etcétera. Compartir sentimientos, preocupaciones y deseos con personas que nos ayuden a escucharnos, queremos y valorarnos”, propone Raimundo.

Casas plantea compartir las tareas domésticas y “visibilizar que las mujeres no tienen ninguna preparación específica ni biológica ni psíquica para ser las que hacen la gestión emocional sino que todas las personas varones, mujeres y niñes pueden hacerlo, y expresar sus sentimientos”.

Por su parte Pallestrini explica que desde la Dirección de Género del Posadas promueven el autocuidado: “Tenemos que saber decir hasta dónde podemos y cuándo tenemos que decir no. También buscar un tiempo para nosotras y encontrar una actividad que nos despeje para salir del cuidado y del servicio a los demás”.

Finalmente Casas agrega que, a nivel políticas públicas, deben existir estructuras de contención disponibles durante la pandemia: “La salud mental no es una cuestión individual sino social. No es una tarea de la familia enfrentarse con el desamparo sino de la comunidad”.

Rodo Claramonte