El 29 de octubre fue presentado un informe de Unesco, Unicef y el Banco Mundial en el que se evidencia la diferente actitud hacia la educación de los países de menores ingresos, en relación a los de mayores ingresos, esta conclusión, entre otras, surgen de las encuestas realizadas en base a las respuestas nacionales en unos 150 países entre junio y octubre ante el Covid-19, recogidas por la Unesco.
Según este informe, desde que inició la pandemia, en los países de ingresos bajos y medios bajos, se perdieron al menos cuatro meses de escolaridad, mientras que, en promedio en los países de ingresos altos, la pérdida ronda las seis semanas. Los países tienen diferentes prioridades y las posibilidades de sostenimiento de la educación en este contexto, hablan del lugar que ocupa la educación dentro de las políticas públicas.
Se puede inferir también, que hay gobiernos que toman indicadores de modo caprichoso, como el hecho de considerar que el estudiantado que tuvo algún contacto virtual por mes, puede ser considerado parte del sistema, y no tomarlo como sujetos que, en la formalidad de lo presencial, ya estarían incorporados a estadísticas de abandono o deserción y por lo tanto destinatarios de otras políticas para su detección y vuelta al proceso educativo
Desde que inició la pandemia, en los países de ingresos bajos y medios bajos, se perdieron al menos cuatro meses de escolaridad, mientras que, en promedio en los países de ingresos altos, la pérdida ronda las seis semanas. Resultan interesantes las palabras de Robert Jenkins, Jefe de Educación del Unicef: “No necesitamos mirar muy lejos para ver la devastación que la pandemia ha causado en el aprendizaje de los niños en todo el mundo. En los países de ingresos bajos y medios bajos, esta devastación se ve magnificada por el acceso limitado al aprendizaje a distancia, el aumento del riesgo de recortes presupuestarios y el retraso en los planes de reapertura, que han frustrado cualquier posibilidad de normalidad para los escolares. Es fundamental dar prioridad a la reapertura de escuelas y ofrecer las tan necesarias clases de recuperación”. Más de dos tercios de los países han reabierto total o parcialmente sus escuelas. Sin embargo, uno de cada cuatro no ha cumplido con la fecha prevista para la reapertura o no la ha fijado todavía, siendo la mayoría de ellos, países de ingresos bajos y medios.
Esto se evidencia, cuando vemos que, en países desarrollados, ante la segunda ola del Covid, ni se considera el cierre de las escuelas. Por otra parte, se reconoce que los países con ingresos bajos y medios, han tenido poco impacto general por medio de la educación a distancia, en comparación con los países a nivel mundial. Esto nos obliga a pensar a la educación actual como una educación en transición, entre lo que éramos antes de la pandemia, lo que pudimos hacer durante ella, y para volver a la nueva realidad que nos espera, aprendiendo de lo hecho, pero necesariamente fortaleciendo donde hace más falta, para no consolidar inequidades. La educación se encontraba en crisis antes de la pandemia.
Según Unesco, la mitad de los niños de 10 años de edad de los países de ingresos medios y bajos no podían comprender una simple frase escrita. Teletrabajo: la Ley no estimula la creación de empleo ni la formalidad laboral Al iniciar la pandemia más de 250 millones de niños no estaban dentro de los sistemas educativos, y se considera que ese número puede sumar unos 24 millones como resultado de Covid-19, las medidas de aislamiento, cierre de escuelas y brecha digital. Al iniciar la pandemia más de 250 millones de niños no estaban dentro de los sistemas educativos, y se considera que ese número puede sumar unos 24 millones como resultado de Covid-19, las medidas de aislamiento, cierre de escuelas y brecha digital. Si relacionamos esto con el desarrollo, según el Informe presentado, surge que este estudiantado podría perder 10 billones de dólares durante su vida laboral, lo que equivale al 10% del PIB mundial. ¡Qué caro les sale a las sociedades y su futuro la falta de educación de calidad hoy! La sociedad del conocimiento precisa de la educación como herramienta de acceso a la ciudadanía, nuestros aprendizajes y títulos son los verdaderos pasaportes de este tiempo.
Por eso hay que romper la relación entre de falta de educación y pobreza, para impulsar un círculo virtuoso de educación para todos, desarrollo e igualdad.

Rodo Claramonte