Ese fue el lema del dos veces presidente argentino Hipólito Yrigoyen (1852-1933), uno de los grandes líderes de la Unión Cívica Radical.

En estos tiempos de crisis sanitaria que el mundo en general y el país en particular, donde la ciudadanía tiene gran preocupación por temas como la salud y la economía, es importante también recordar a aquellos hombres y mujeres que hicieron de esta una gran Nación.


Hace pocos días, el 26 de Junio, se cumplía un nuevo aniversario del nacimiento de la Unión Cívica Radical, mientras que el 1 de julio, se recordaba la muerte del Leandro Alem y hoy 3 de julio, la UCR evoca la figura del dos veces presidente constitucional de los argentinos, Hipólito Yrigoyen.


Fue presidente de la República Argentina en dos ocasiones: de 1916 a 1922 (la primera vez que un radical accedía al poder) y de 1928 a 1930. Durante su primera gestión, contó con un gran apoyo popular; sin embargo, su partido debió insistir varias veces para que aceptara la candidatura.

Mantuvo una forma de vida austera. Él continuó viviendo en su casa de la calle Brasil, en barrio porteño de Constitución.
Su sueldo de Presidente lo donaba a la Sociedad de Beneficencia; sus otros ingresos lo obtenía como productor agropecuario.

Ya en el gobierno, introdujo nuevas formas de hacer gestión. Por ejemplo, no elegía a sus ministros por su formación intelectual, sino en relación con otros aspectos que reconocía más importantes. Para los puestos militares, designó a civiles y no a integrantes de las Fuerzas Armadas.

Siempre creyó que el voto era la herramienta de igualdad para todos los ciudadanos

En el ámbito universitario, estuvo a favor de la renovación y actualización de los planes de estudio que reclamaban los estudiantes del llamado “movimiento reformista”.

En materia económica, a principio del siglo XX, Argentina ejercía su gran modelo agroganadero. Yrigoyen, según algunos diarios nacionales, fue uno de lo que “nacionalizó la explotación petrolera e impulsó la primera fase de la industria de los hidrocarburos”.

Para Yrigoyen la política es ética y la ética es política. Por eso Yrigoyen al anunciar la pérdida de su propia autonomía, la sublima en función de una liberación colectiva. Por eso no trata de exigir a todos esa renuncia: la idea de semejante sacrificio es un deber del dirigente, que asume esa función apostolar y de quienes lo acompañan en la UCR.

Hoy en General, Hipólito Yirigoyen es considerado un prócer, padre de la democracia y sus máximas famosas suelen citarse en el discurso político.

Pero sobre todo, es trascendente destacar la influencia en varias generación es de políticos argentinos notables, protagonistas ellos de la historia política de los siglos XX y XXI.

Fuente. Por; Rodolfo Claramonte Periodista

Mercedes