Ya sea por dificultades en el acceso a alimentos de calidad nutricional o bien por falta de información o deficiencias en la planificación familiar, la malnutrición afecta a los niños y niñas de cero a cinco años, independientemente de su condición social o niveles de ingresos. 

 

Por definición, la malnutrición se refiere a cualquier trastorno de la nutrición, ya sea como consecuencia de una alimentación insuficiente, excesiva o mal equilibrada.

Asimismo, se entiende por obesidad infantil a la presencia de sobrepeso en niños de entre cero y cinco años. Esta problemática es una consecuencia de la malnutrición, es decir, del desarrollo de una dieta no equilibrada que puede generar, en el caso contrario, desnutrición (crónica o aguda).

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación para 2012 (último dato disponible), el 30% de los niños y niñas de edad escolar (de 13 a 15 años) tiene sobrepeso y el 6%, obesidad. En el mismo informe se afirma que el 50% consume dos o más bebidas azucaradas por día y que sólo un 17,6% consume cinco porciones diarias de frutas y verduras.

Según datos de UNICEF Argentina, a medida que aumenta la edad, la obesidad muestra mayor prevalencia entre los niños de 11 a 17 años de hogares más pobres: tienen 31% más de probabilidad de ser obesos que los de hogares más aventajados en la escala social. “Entre los factores que explican esto se incluyen tanto el mayor consumo de macronutrientes y calorías vacías, como el menor acceso a oferta pública y accesible a espacios de recreación, lo que fomenta el sedentarismo entre los adolescentes”, A nivel regional, según el documento de la FAO, el sobrepeso en menores de cinco años afecta al 7% de los niños de América Latina y el Caribe, ubicándose por encima del 6% de los niños con sobrepeso en el mundo.

Y ahondó: “Además de garantizar el acceso al alimento de calidad y al agua de nuestros niños, educar a docentes, padres, trabajadores de la salud, personas que manipulan alimentos y a los propios menores es fundamental para lograr hábitos saludables”.

“Cuando se brinda información de calidad a la comunidad, respetando la idiosincrasia de cada sector (escuela pública, privada, pueblos originarios, comedores y merenderos de las villas y barrios carenciados, clase media, etc.) se logran resultados satisfactorios”, subrayó. Además, es necesario el trabajo y abordaje del tema entre sociedad civil, Ministerio de Salud, Ministerio de Desarrollo Social y Educación y organismos que protegen la infancia -observó-. Y poner en agenda el derecho básico de un niño al alimento de calidad y al agua por parte del Estado”. Y finalizó: “Se debe investigar en forma exhaustiva y objetiva qué comen nuestros niños en las escuelas de la ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires y el resto del país e implementar políticas públicas de educación en alimentación saludable para escuelas, docentes y familias”.

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