Para muchos, es un modo de iniciarse en el consumo. Y actualizan los dispositivos como si fueran teléfonos. Lo advirtieron expertos en un foro internacional que se hizo en Buenos Aires. 

Muy pocos de los que los usan lo saben. Quienes jamás lo probaron no tienen ni idea. Por eso no les molesta que les vapeen al lado. En la calle, en el trabajo, en el aula o en el subte. Cuando notan el gesto de fumar, miran de reojo y chequean de qué se trata. Al ver el dispositivo, se les apaga la alarma de “no se puede“. Pero el cigarrillo electrónico está prohibido en Argentina. Aún así, cada vez se usa más.

Este viernes se realizó en Buenos Aires el 1° Foro Internacional sobre Cigarrillo Electrónico. Sus organizadores lo destacan como un “hecho inédito en el mundo” porque reunió a los principales referentes de sociedades latinoamericanas y europeas especialmente por este tema, en el contexto del 46° Congreso Argentino de Medicina Respiratoria.

Los especialistas debatieron sobre si el cigarrillo electrónico sirve para combatir el consumo de tabaco. Con experiencias de pacientes, a favor y en contra. Pero en el aire de ese auditorio no hubo “grieta”. Vapear -en contraposición a fumar los cigarrillos convencionales- no tiene nada de sano. “El estudio de un arma de X calibre comparado a una calibre 36 afirma que la primera mata menos que la segunda. ¿Entonces, con qué preferís que te mate?”, ironizó Mina Gaga, presidenta de la Sociedad Respiratoria Europea (ERS). Su analogía es sobre lo que aún falta establecer concretamente: la toxicidad de estos dispositivos frente a los cigarrillos de papel. La diferencia, aseguran, es que electrónico “tiene buena prensa”.

El concepto instalado por una investigación reciente del Colegio Real de Médicos de Gran Bretaña que fue presentado en agosto en la Fundación Favaloro,  es que es un 95% menos dañino. Precisamente, que el electrónico ha logrado producir sólo el 5% del daño que el cigarrillo de combustión. “Pero ese 5% mata”, señala Gaga.

Gustavo Zabert, presidente de la Asociación Latinoamericana de Tórax (ALAT), quien participó recientemente de un documento de cigarrillo electrónico en jóvenes, alerta sobre la posibilidad de que se replique lo que sucedió en Estados Unidos. “Por primera vez desde 2014, aumentó el consumo de tabaco por el cigarrillo electrónico. Es que apuntan a los jóvenes, en marketing, en exposición, en lo atractivo que les parece. Por la forma en que se vende acá, aunque esté prohibidoestamos perdiendo la batalla”, sentencia. También menciona un paperque apunta a que estos dispositivos “no deben estar disponibles para los jóvenes ni tener saborizantes, que los hacen aún más atractivos por el sabor”, y que debe haber “restricciones en el consumo público y en la publicidad”.

En Argentina se vende en páginas de Facebook como Juul Buenos Aires, en tabaquerías del microcentro, en los growshops de Olivos, en la galería Bond Street sobre la avenida Santa Fe o en Mercado Libre, pese a que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), que prohibió el cigarrillo electrónico en 2011, tiene un acuerdo con esa plataforma para impedir la venta de productos ilegales que podrían dañar la salud.

Mercedes