Se la probó tres veces. Primero sola, después con una amiga. Esa bikini con voladitos se veía increíble en las fotos, pero en su cuerpo era distinta. Al final se la llevó, pero pasó varios días usando la del verano pasado hasta que se animó. Estaba en la playa de Brasil, y nadie alrededor tenía los prejuicios que ella misma sentía sobre su cuerpo. Oriana Mena, cordobesa de 24 años que este verano eligió pasar sus vacaciones en el Nordeste brasileño, encarna el dilema de las argentinas: el mandato de llegar al verano con un cuerpo perfecto. Mandato que también incluye a los hombres y que provoca más frustración que disfrute, dicen los especialistas.

Las medidas antropométricas del biotipo argentino juegan en contra: somos large, tenemos cuerpos grandes, que para las mujeres de entre 20 y 24 años se traduce en 1,60 m de altura y más de 60 kg de peso y para los hombres de esa misma edad, en 1,74 m y 74,4 kg. Esta realidad se traduce en que el 83% de los argentinos considere que debe bajar de peso.

Large es el talle promedio de la población, según los primeros resultados de un estudio que está realizando el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), para determinar cómo es el cuerpo de los argentinos.

El dibujo de la mujer real que arroja el promedio, después de medir mediante un escáner 3D a personas de todo el país, no se parece en nada a las medidas del cuerpo ideal, que proclama una talla de 90 cm/60 cm/90 cm, para busto, cintura y cadera. En cambio, la cintura de las argentinas mide en promedio 80,6 cm, que está más de 20 cm por encima del ideal de belleza, y tienen un contorno de busto de 95,2 cm, apenas superior al del supuesto cuerpo perfecto. La cadera es de 93,1 cm. Quiere decir que somos más anchas de cintura y menos voluptuosas de lo que solemos pensar, aunque bastante proporcionadas. Las medidas del hombre argentino promedio son 100,8 cm/89,6 cm/94,6 cm. Los datos surgen de un censo de medidas que viene realizando desde hace dos años la división de textiles del INTI.

A la hora de definir cómo es el cuerpo de los argentinos, los resultados indican que tenemos cuerpos grandes. Pero, ¿cómo nos sentimos con nuestros cuerpos? Otro estudio, realizado por la organización AnyBody, indica que apenas el 28,2% de los argentinos considera que su talle ideal y su talle real coinciden. Es decir que sólo tres de cada diez argentinos se sienten a gusto con su cuerpo. Una verdad que, a la hora de ponerse un traje de baño y mirarse al espejo, desencadena una crisis. “Somos muy autoexigentes con nuestra imagen corporal, sobre todo a la hora de exponernos públicamente con un traje de baño. Los argentinos casi que preferimos no ir a la playa si sentimos que tenemos unos kilos de más”, apunta Diana Litvinoff, psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y autora del libro El sujeto escondido en la realidad virtual.
El talle ideal
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No aceptamos nuestro cuerpo como es. Así surge del estudio de AnyBody, que indica que el 62% considera que su talle ideal es menor al actual: el 21,8% cree que debería reducir más de dos talles para estar en forma; el 22,8% que debería bajar dos talles, y el 17,35%, un talle. Además, apenas el 17% de la población considera que no necesita bajar de peso. En cambio, el 62,4% dijo estar convencido de que tenía que adelgazar y el 20,6%, dijo que “tal vez”. El estudio se realizó en todo el país, entre 1867 casos, entre personas de 12 a 68 años.

Entre los 18 años y los 34, la crisis con el cuerpo es mayor. Después, tal vez porque bajan las exigencias o porque crece la aceptación, se reduce esa distorsión entre el cuerpo que tenemos y el que queremos, según surge del estudio.

Pero los prejuicios de los argentinos con respecto al cuerpo quedan completamente fuera de sintonía cuando se instalan en las playas de Brasil, tal como le ocurrió a Oriana Mena, donde comprueban que allí la gente tiene otra relación de aceptación con su apariencia. “Acá te sorprende que haya mujeres que aunque tengan algunos kilos de más no se privan de nada, se ponen el traje de baño que quieren y no les importa la mirada de los otros. Las argentinas y también los argentinos somos mucho más perseguidos, y me parece que disfrutamos menos”, dice recostada sobre su manta. Su amiga Karina Oliva, de 23 años, coincide. “Me encanta la desinhibición de los brasileños. Lo admiro mucho. Ojalá nosotros tuviéramos esa libertad. Creo que disfrutaríamos más de la playa, de nuestro cuerpo, del estar en un lugar como este.”

En las arenas de Praia do Amor, por estos días invadida de argentinos, queda claro que la rutina de las argentinas y las brasileñas es distinta. Como el grupo de amigas de Rosalía Nantes, una joven de 26 años, de San Pablo, que llega a la playa con sus amigas y se recuesta sobre su pareo a broncearse de un lado y del otro. Lleva un bikini diminuto y no le preocupa en absoluto el estereotipo de belleza que dicta que hay cosas que se muestran y cosas que se ocultan.

La desinhibición corporal de los brasileños a la hora de mostrarse en la playa con trajes de baño muy pequeños, o incluso con sungas con las que los argentinos no se atreven ni a soñar, es algo que los argentinos admiramos y ponderamos, según surge de los testimonios que se escuchan en esta playa. Aunque es una osadía a la que, por algún motivo, no nos animamos. Los vendedores de mallas en la playa explican que los brasileños eligen sus trajes de baño priorizando los colores y las formas, sin reparar en lo flacos o lo gordos que estén. “La relación entre el cuerpo y la playa, entre lo que se muestra y lo que no, es muy distinta en Brasil al resto del mundo”, cuenta Paula De Santis, una argentina que vende pareos y trajes de baño en un carrito ambulante en las playas de Brasil.
No a la sunga

Las escenas playeras que se observan durante un día sobre la arena lo confirman. La sunga es la frontera que separa a los brasileños de los argentinos. En una de las playas del centro de Pipa hay una chica que se animó al topless. “¡No mires! ¡Estás mirando!”, amenaza una joven argentina a su novio, cuando pasan caminando por ahí. “¿Cómo no voy a mirar? Eso no se ve todos los días. Es algo cultural”, retruca él. Mala respuesta. Crisis en puerta.

Es cierto que el topless no es muy frecuente en Brasil, ya que, curiosamente, aquí existe una ley que castiga el nudismo con pena de cárcel. En todo caso, la desinhibición corporal de los brasileños pasa por otro lado. Por mostrar “casi” todo. Pero no todo.

¿Por qué los argentinos vivimos tan pendientes de nuestro cuerpo, de lo que mostramos y de lo que ocultamos en el verano? “Hay varias cuestiones que influyen. Una es el clima. Las culturas de climas cálidos tienden a tener una relación más abierta con el cuerpo. Además, en muchos casos, la ascendencia africana los hace ser más desinhibidos que los descendientes de culturas originalmente puritanas como las europeas, que restringen la exposición del cuerpo”, dice Litvinoff.

La cultura de las selfies pasa en limpio cómo nos gusta ser vistos por los demás. A la hora del autorretrato, las brasileñas optan por los planos más amplios, por poses más jugadas, que las muestren de cuerpo entero en aquel paraíso. En cambio, las argentinas son más de la selfie playera que sólo muestra la cara, sacada en un ángulo de 45 grados, una toma en la que es prácticamente imposible salir mal o con kilos de más.

Mercedes