Declarado Patrimonio cultural alimentario y gastronómico de la Argentina, una leyenda señala su origen en el olvido de una leche en el fuego. De la mano de la reconocida pastelera Pamela Villar, todos sus secretos y las mejores recetas.

24 de junio de 1829. A instancias de la firma del Pacto de Cañuelas, el Comandante General de Campaña Juan Manuel de Rosas recibiría en su estancia, La Caledonia, al General Juan Lavalle. Este último fue el primero en llegar y, cansado, se recostó en el catre de Rosas hasta quedar dormido por completo.

En ese momento en la cocina se encontraba la criada preparando la lechada para acompañar el mate, que al encontrar a la visita durmiendo dio inmediato aviso a los guardias, momento en que llegó Rosas y se pudo subsanar cualquier malentendido. Lo que no se pudo subsanar fue la lechada, ya que al volver la cocinera encontró una sustancia espesa y de color marrón que Rosas no tuvo reparo alguno en probar. Tras agradarle tanto el resultado del olvido, una nueva preparación había nacido.

Porque pese a lo lindo que suena la historia del Pacto de Cañuelas y demás, el origen del dulce de leche estaría en realidad en Indonesia, que luego pasó a Filipinas, alrededor del siglo VI. Al ser conquistada ésta por la corona de España, el manjar comenzó a ser conocido en toda Europa, para luego llegar a América. Y por cuestiones que nos exceden y nunca entenderemos, pese a ser una de las últimas regiones en las que comenzó a utilizarse, se afianzó de inmediato al paladar argentino, hasta transformarse en Patrimonio Cultural Alimentario y Gastronómico de Argentina, según la declaración de la Secretaría de Cultura de la Nación.

Por Mercedes

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