Un conflicto puede entenderse como las diferencias generadas a raíz de un acontecimiento, situación o circunstancia que implica un problema o una dificultad. Cuando aparece un conflicto es frecuente que se generan sentimientos negativos, mal humor, impotencia ansiedad y esto da lugar a conductas que desembocan en enfrentamientos. Con los enfrentamientos solo conseguimos discrepancia y tensión

 

Define el conflicto. Reflexiona y delimita claramente el conflicto. ¿Cuál es el problema? ¿Quiénes están implicados?

Antes de resolver el conflicto averigua lo que subyace detrás del mismo. Se trata de hacer una gestión de las emociones que intervienen en el conflicto. Identifica tus emociones y los pensamientos implicados y las emociones y pensamientos de tus hijos. Por ejemplo: ante un conflicto por qué nuestro hijo quiere ver la tele en lugar de hacer los deberes. Yo pienso que es un vago y no quiere hacer caso, me siento frustrado/a. Mi hijo piensa que siempre le digo lo que tiene que hacer, se siente controlado.

Piensa como estás actuando, qué conductas estás llevando a cabo (gritos, reproches, castigos, etc.). Y reflexiona el modo en que éstas influyen en el conflicto, ¿ayudan a mejorar la situación y llegar a un acuerdo o por el contrario empeoran la situación?

Comunícate de manera efectiva con tu hijo. Explícale tu punto de vista de forma razonada y escucha su punto de vista intenta ponerte en su lugar, trata de entenderle. Recuerda ser asertivo (dar nuestra opinión sin dañar), y evitar las críticas. Se trata de dar nuestras opiniones y escuchar las de nuestros hijos. Aún no vamos a negociar.

Deja la furia a un lado. Estar furiosos nos hace decir cosas de las que luego nos arrepentimos y elevamos la tensión del conflicto. Si estás muy enfadado, es mejor dejar un tiempo fuera, salir a dar una vuelta, darse un baño, etc. y retomar la discusión más tarde.

Antes de expresarte en la discusión, piensa lo que vas a decir. Es importante no entrar en discusiones sin sentido en las que nos encontremos sin salida.

Busca y propón alternativas para solucionar el conflicto. Es importante proponer alternativas en conjunto, pensando en el bien de todos.

Emplea técnicas de negociación. Ofrécele diferentes alternativas, de este modo será él/ella quien escoja y no entrara en conflicto. Por ejemplo si tu hijo quiere un helado de postre, le dices que si quiere el helado tendrá que comerse las verduras, que puede elegir terminar el plato de verduras y comer un helado o no terminar las verduras, ni comer helado.

Es importante que pienses como haces sentir al otro con lo que dices. Una discusión no es una pelea donde uno tiene que vencer y derrotar al otro haciéndole sentir mal. Evita para ello lo personal, y procura hacerle percibir que es importante para ti.

Ten en cuenta que el objetivo es la búsqueda de una solución. La comunicación es la base para la resolución de conflictos. Centrar esa comunicación en vuestras emociones más que en la situación en sí.

El conflicto por lo tanto puede y debe entenderse como una oportunidad de aprendizaje. Es una oportunidad para aprender habilidades sociales y competencias de negociación, de empatía, respeto, escucha y toma de decisiones, entre otras.

Aprovechar las diferencias para llegar a un acercamiento es clave para el bienestar. Las diferencias son algo habitual en las relaciones entre personas, pero hacer de ellas un modo de acercarnos y estrechar vínculos es un ejercicio que además de positivo, nos permite el desarrollo personal y familiar.

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