El avance de las nuevas tecnologías en los tiempos de la globalización y el uso de Internet, generaron una proliferación de plataformas digitales mediante las que los usuarios se comunican e intercambian información.

Internet, es una gran red empleada para realizar, tanto transacciones comerciales de todo tipo desde diferentes puntos del planeta, como el intercambio de datos y opiniones de toda índole. 

No obstante, en ocasiones, los usuarios de la red se valen del anonimato detrás de cuentas y perfiles falsos para cometer ataques a bienes jurídicos, tanto materiales como de carácter extrapatrimonial. 

De tal modo, las agresiones al honor de una persona son comunes en la web, en razón que resulta sencillo para un cibernauta crear un perfil falso en una red social y de esa forma difundir conceptos agraviantes e injuriantes contra otro usuario. 

Al respecto, el caso Frydlewski vs Lang, sentó el primer antecedente nacional al condenar penalmente a una persona por calumniar a otra a través de la red social Twitter. 

El fallo atribuye por primera vez en Argentina, responsabilidad al autor del hecho, de los efectos de una querella por calumnias o injurias a los dichos vertidos en Twitter y que menoscaban el honor de una persona. 

En tal sentido, los usuarios de las redes sociales, amparándose en perfiles y cuentas falsas, publican lo que desean y emiten opiniones injuriosas y calumniosas, respecto de personas o grupos determinados. 

Cabe consignar que el caso citado se refiere a la abogada Mónica Lang, quien fue denunciada por el empresario Marcelo Frydlewski, en razón de publicaciones realizadas por la letrada a través de Twitter, en que lo acusaba de haber cometido delitos. 

En oportunidad de la audiencia de conciliación, la parte actora le solicitó a Lang la retractación en diarios de circulación masiva durante tres días y el pago de un millón de pesos para ser donados a entidades de bien público. 

La demandada argumentó que era imposible con el pago de la suma de dinero. Por lo tanto, el querellante solicitó que Lang realice 150 horas de tareas comunitarias y fundamentó su pedido en que de este modo se cumpliría la finalidad que se le daría al dinero solicitado inicialmente. 

Regulación penal 

Los delitos que atentan contra el honor están tipificados en el Código Penal argentino, el que reprime con pena de multa la conducta del autor. 

En tal sentido, la persona imputada falsamente por la comisión de un delito o que vea afectada su moral o buenas costumbres mediante publicaciones que menoscaben su honorabilidad, debe iniciar una querella para lograr la reparación correspondiente. 

La acción penal contra estos hechos ilícitos se inicia una vez que la parte querellante interpone la denuncia. Sin embargo, dichas aseveraciones deberán ser probadas por la parte interesada, para que la acción pueda sustanciarse. 

Cabe indicar que la calumnia es la falsa imputación de un delito determinado, lo que se encuentra tipificado en el art. 109 del Código Penal. En tanto, la injuria se configura cuando el autor deshonrare o desacreditare intencionalmente a otra persona.

Las redes sociales ya forman parte de la vida cotidiana de nuestra civilización a nivel mundial. Facebook para la mayoría de los integrantes de la sociedad moderna, Instagram para los más jóvenes, Tinder para los enamorados, Twitter para periodistas, políticos y personalidades excéntricas, Linkedin para profesionales con entorno de ofrecimiento y búsquedas de empleo.

Una simple computadora de escritorio, una tablet como un celular ya nos sumergen en un mundo virtual completamente interconectado, a través del cual podemos acceder a infinidad de cosas. Pero a medida que interactuamos más profundamente dentro de este vasto universo digital, nos encontramos cada vez más expuestos. Internet parece ser un mundo infinito: las redes sociales, junto a los chats de mensajería de telefonía celular, aparentan gozar de toda impunidad.

Todo parece irreal, aunque deja de serlo cuando se sufren las consecuencias por la maledicencia de sus pares. Usuarios con identidades apócrifas (o no) avanzan sobre nuestra privacidad e intimidad. Disparan insultos e injurias sobre nuestras vidas y a veces, también acompañan fotos o videos perturbadores. Lo que comenzó como un medio de entretenimiento y diversión muchas veces puede transformarse en un auténtico dolor de cabeza.

Mercedes