La enfermedad que causa un cuadro de «borrachera» en los chicos

Inestabilidad al caminar, problemas en el habla, escasa capacidad de concentración. Podría pasar por una típica borrachera si no fuese porque los afectados suelen ser niños pequeños y el efecto no se esfuma con las horas.

La deficiencia de fosfomannomutasa (PMM2-CDG) es una enfermedad metabólica poco frecuente que afecta a unos 80 niños en toda España. El cerebelo de estos pequeños se atrofia y el daño neurológico persiste, en mayor o menor medida, para siempre. No tiene cura y tampoco tratamiento. Pero, por primera vez, un grupo de investigadores del hospital Sant Joan de Déu de Barcelona tiene certezas sobre un fármaco para paliar los síntomas. El medicamento, que ya se usa para el mal de altura o el glaucoma, demostró ser eficaz para tratar las alteraciones neurológicas que provoca esta enfermedad.

Se da por un error congénito del metabolismo. Los niños que sufren esta enfermedad tienen una deficiencia en la glicosilación de las proteínas. Es decir, que una especie de antenitas de azúcar que precisan las proteínas no se colocan donde deben. Hay 120 deficiencias de este tipo descritas pero, en concreto, la PMM2 es una proteína cuya función es pegar esas antenas de azúcar. Cuando está mutada, esta proteína no funciona bien y provoca numerosas alteraciones en el organismo, desde el riñón, los ojos o el hígado, hasta la coagulación y el cerebelo. «Cuando crecen, todos esos problemas se suelen ir solucionando, excepto las afectaciones en el cerebelo, que controla el equilibrio y la atención», explica Mercedes Serrano, neuróloga infantil del Sant Joan de Déu y autora del estudio, que se publicó en la revista Annals of Neurology.

«En estos niños, a nivel del cerebelo, hay un canal de calcio en las neuronas que funciona como una puerta. Cuando esa proteína no funciona bien, hay una alteración en la entrada y la salida de calcio. Lo que hacemos con este tratamiento es regular mejor esa zona», explica Serrano.

En este estudio, de fase II, los investigadores reclutaron 23 niños de toda España y los siguieron durante seis meses de tratamiento con acetazolamida. De ellos, 20 mejoraron. Pasados los seis meses, a la mitad de ellos se les retiró el tratamiento durante cinco semanas. Se comprobó que los niños que habían continuado con el fármaco estaban estables mientras que los que interrumpieron el tratamiento, empeoraron.

Los chicos tienen más plasticidad en el cerebro y su estado va mejorando. Pese a que su cerebro se atrofia, con tiempo y ejercicios adecuados, superan algunos de los daños adquiridos. «Cuando son adultos, siguen teniendo alguna discapacidad intelectual de mayor o menor gravedad», señala Serrano. Los investigadores buscan realizar un estudio de fase III con pacientes de otros países —en el registro europeo hay más de 500 niños con PMM2-CDG— y siguen colaborando con un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid que investigan, en ciencia básica, alguna terapia curativa para esta enfermedad.

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